En la antigua Unión Soviética, en la segunda década del s.XX, se convocó a psicólogos con la finalidad de crear una psicología propia, que ofreciera una explicación y propusiera métodos para la resolución de situaciones problemáticas y de conflicto en los individuos.
Como respuesta, se conformó La Troika, constituída por L.S. Vigotsky, Alexander Luria y Alexis Leomtiev.
De ideología marxista, la triada de psicólogos, crearon la teoría histórico-cultural o socio-cultural, cuyo objetivo es explicar las características del comportamiento como respuesta a las condiciones sociales y culturales en las que se producen las conductas. De ahí que la teoría histórico-cultural se centra en los procesos más que en los resultados.
Esto lo aprendí a finales del siglo pasado. Pocos años después, L.S. Vigotsky fue pieza clave en los planes educativos de la SEP.
Vigotsky tomaba como base el desarrollo normal para definir el desarrollo anormal, recordemos que en ese tiempo no se atendía a las susceptibilidades, por lo que no era necesario matizar la manera de referirse a las personas que tenemos alguna deficiencia sensorial, motriz o mental.
Parafraseando a Vigotsky, “En el desarrollo normal, el niño es capaz de aprender y aprehender las formas y pautas de comportamiento socialmente adecuadas”. Alexander Luria agregó lo siguiente, “Todas las funciones fueron antes relaciones, incluso la atención voluntaria”.
Reflexionando sobre las dos aseveraciones anteriores, los autores nos transmiten que en una cultura propia de un lugar, se dan formas de comportamiento que son aceptadas y que los integrantes de la región deberán cumplir con ellas, incluye también a las formas de pensamiento y de expresión de sentimientos. Recordemos que las emociones son impresiones momentáneas en respuesta a un evento y que, por lo aprendido culturalmente, las transformamos en sentimientos.
Las interacciones son, por tanto, indispensables en el desarrollo de los sujetos, experiencias sensoriales mediadas a través del otro, es decir, de un adulto o de otro niño con mayor cúmulo de experiencias.
Cada nueva experiencia que pueda brindar al aprendiz una enseñanza o experiencia social de aprendizaje, se denomina Zona de Desarrollo Próximo (ZDP), definida por Vigotsky como “la distancia que existe entre lo que el niño puede hacer (Zona de Desarrollo Actual) y lo que podrá hacer mañana”.
Décadas después, los psicólogos españoles Pablo del Río y Amelia Álvarez aportan una nueva definición para complementar la idea sobre la zona de desarrollo próximo y consiste en la representación de las interacciones entre el adulto educador y el niño o adulto aprendices, es la Zona Sincrética de Representación. En ella, podemos imaginar al adulto enseñante cargando un “maletín de herramientas cognitivas” en plena acción, sacando de la caja diversos elementos que ambos manipularán hasta conseguir del aprendiz una ejecución adecuada.
Vigotsky afirmaba que en el desarrollo del niño se refleja el devenir histórico de la humanidad; tracemos una línea de tiempo que inicia con la aparición del hombre en la Tierra y después, comparemos con el desarrollo del niño desde su nacimiento hasta alcanzar lo máximo de su desarrollo psicológico. Existen grandes similitudes y cuando la línea de desarrollo cognitivo tiene grandes diferencias con la del desarrollo histórico, hay que poner atención y acción educativa basada en el desarrollo cultural.

